Un año más, con motivo del próximo 20 de junio, Día Internacional de las Personas Refugiadas, CEAR lanza su informe anual “Las personas refugiadas en España y Europa”, en esta ocasión, con una efeméride especial, ya que la organización cumple 40 años de andadura. “Un 40 aniversario en el que manifestamos nuestra preocupación por la crisis global que se está viviendo en materia de refugio, ya que seguimos ante el mayor éxodo jamás registrado, con más de 70 millones de personas desplazadas de manera forzada en todo el mundo”, manifiesta Javier Galparsoro, Presidente de CEAR-Euskadi.

El Ministerio de Interior contabiliza en los primeros 5 meses del año, 2.075 solicitudes de asilo en Bizkaia, Araba y Gipuzkoa, una gran parte de ellas acompañadas por CEAR-Euskadi. Venezuela, Nicaragua, Colombia y Honduras son, por ese orden, las principales nacionalidades solicitantes.

La cifra total de este año, puede llegar a ser más del doble del total de las solicitudes de asilo registradas en 2018, cuando hubo 1.595 solicitudes de protección internacional en La Comunidad Autónoma Vasca (973 en Bizkaia, 385 en Araba y 237 en Gipuzkoa). 

Sistema de Acogida

Patricia Bárcena, directora de CEAR-Euskadi, ha puesto en valor el trabajo realizado durante estos meses en la ampliación del sistema de acogida y ha mencionado como ejemplo el caso de Oñati con el centro Larraña Etxea, destacando que “se creó para dar respuesta a las personas que necesitaban recursos residenciales mientras esperaban asignación de plaza en el sistema estatal de acogida. Consideramos que Larraña Etxea es un claro ejemplo de convivencia”.

Desde que abrió sus puertas a mediados de octubre, han pasado por Larraña Etxea 161 personas, 140 hombres y 21 mujeres. En su mayoría, el perfil de las personas atendidas es hombre joven solo de África Subsahariana, de entre 20 y 30 años.

No obstante, a pesar de los avances realizados, Elena Valverde, Responsable de Acogida de CEAR-Euskadi, hace hincapié en que “seguimos intentando mejorar la situación de todas aquellas personas que siguen a la espera de poder entrar en alguna de las plazas y que tienen un largo tiempo de espera. De hecho, en estos momentos, tenemos 930 personas a la espera de asignación de plaza, por lo tanto, urge dar respuesta a todas estas situaciones”.

Para continuar dando respuesta a estos casos, la organización comenzará a gestionar próximamente un nuevo centro en Tolosa, que como Larraña Etxea contará con el apoyo del ayuntamiento y del Gobierno Vasco, y que contará con unas 30-35 plazas.

Retos

Todos estos datos desmontan el mito de que las personas refugiadas no llegan, esto fue una falsa creencia que se instauró a raíz del fracaso de los acuerdos de reubicación y reasentamiento de la Unión Europea. No solo llegan, sino que convivimos con ellas en nuestras ciudades, pueblos y barrios.

Pero la carrera de obstáculos no finaliza al llegar a un lugar seguro. Todavía quedan muchos retos que superar.

  • Facilitar el acceso al empadronamiento a todas las personas que solicitan protección internacional, independientemente de la documentación que dispongan.
  • Acortar los tiempos de espera tanto para iniciar el procedimiento de solicitud de asilo como los de su resolución.
  • Garantizar el acceso a la vivienda de las personas solicitantes de asilo y refugiadas.
  • Garantizar su acceso al empleo, que además de ser un proceso difícil, está condicionado a la resolución de su solicitud de asilo. Cuando ésta es rechazada, automáticamente lo pierden.

Aquarius, un años después

Reward y Suleman son dos de las personas que hace un año llegaban a Valencia tras un periplo de 12 días por el mar, en el barco de rescate Aquarius. Malta nos rechazó, Italia también. Estábamos desesperados. Cuando nos dijeron que España nos acogía y nos llevaron a Valencia, fue la mejor noticia que pude tener. Me daban la oportunidad de poder tener una vida digna. Después, con el programa de acogida, me destinaros a Euskadi, con CEAR”, relata Reward, nigeriano de 22 años. “Estoy contento, porque esto es una nueva oportunidad para poder vivir. Pero al mismo tiempo es muy duro ver cómo hermanos tuyos intentan hacer lo mismo y no consiguen llegar: porque no les dejan salir de Libia, porque se quedan en el mar o porque no hay barcos como el Aquarius que les puedan rescatar o países europeos que les dejen llegar. Es realmente triste”.

Suleman, natural de Guinea Conacry, recuerda con gran dureza el tiempo que permaneció en Libia, antes de cruzar a Europa: “Trabajo forzado, solo comíamos pan y dormíamos poco, nos maltrataban”. Recuerda con gran alegría cuando les dijeron que España les daba permiso para desembarcar en Valencia. Aquí se está formando como fontanero y su sueño es poder juntarse con su hijo.

Bárcena recuerda que “Lamentablemente, la acogida del Aquarius fue un gran gesto, pero una excepción, y no la norma, en un año marcado por el acoso y la criminalización a los barcos de la ONG que salvan vidas en el Mediterráneo”.