En vísperas del 20 de junio, Día Internacional de las Personas Refugiadas, La Comisión de Ayuda al Refugiado en Euskadi (CEAR-Euskadi) ha presentado un análisis sobre la situación actual del refugio en Bizkaia, Araba y Gipuzkoa. También ha expuesto algunas conclusiones a nivel mundial, europeo y estatal, extraídas del Informe Anual de CEAR “Las Personas Refugiadas en España y en Europa”, que se ha presentado esta misma mañana en Madrid.

Patricia Bárcena, directora de la organización, ha hecho hincapié en que “ha sido un año especialmente duro para todo el mundo por la crisis de la COVID, pero en mayor grado, para los colectivos que con anterioridad ya estaban en una situación vulnerable”. A nivel mundial, la pandemia ha tenido un impacto grave en el aumento de las desigualdades, la pobreza el racismo y la xenofobia y ha dificultado aún más la huida de personas que necesitan la protección internacional, atrapadas en zonas de origen o tránsito inseguras. Bárcena recuerda que “ante la falta de vías legales y seguras de entrada, las rutas se están tornando cada vez más peligrosas, como hemos visto en Canarias. Y para las personas refugiadas que han vivido la pandemia aquí, esta situación ha agravado la sensación de desconexión y aislamiento, ya que no disponen de redes de apoyo, lo que causa un gran impacto emocional en ellas”.

Se añade también una sensación de incertidumbre provocada por el bloqueo burocrático, que ha retrasado la renovación de la documentación y las dificultades en el acceso a tareas administrativas en general. La dificultad agravada por la crisis para acceder al mercado laboral o mantener el empleo ya conseguido, además de la brecha digital, son otros de los obstáculos a los que están haciendo frente las personas refugiadas que viven en Euskadi.

Ante esta situación Bárcena pide que “la pandemia mundial no se convierta en un motivo más para justificar la militarización de fronteras. Urge terminar con la instrumentalización de las personas refugiadas y migrantes que son utilizadas como herramienta de presión política, como hemos visto recientemente en Ceuta. Así mismo, es imprescindible implementar nuevas medidas de regularización extraordinaria que permita a las personas migrantes y solicitantes de asilo denegadas acceder a un estatus legal regular”. Las personas a las que se les deniega el asilo, quedan en una situación administrativa irregular de forma automática, y si en ese momento están trabajando, lo pierden de inmediato. También la prestación por desempleo que les corresponda.

Algunos datos de Euskadi

Según el balance de año publicado por el Ministerio de Interior, 3.085 personas solicitaron asilo en Euskadi en 2020, lo que supone una caída del 36% en el número de solicitudes presentadas en comparación con 2019 (4.826).

Del total de las solicitudes de asilo tramitadas aquí en 2020, 1.767 se formalizaron en Bizkaia, 674 en Araba y 644 en Gipuzkoa. CEAR-Euskadi atendió en sus oficinas el 41% de las solicitudes. Colombia, Venezuela, Nicaragua y Honduras, fueron, por ese orden, las principales nacionalidades solicitantes.

La disminución de peticiones se debe a los efectos de la pandemia ya mencionados: confinamientos obligatorios, cierre de fronteras internacionales, además del endurecimiento de los controles fronterizos y los acuerdos con terceros países de origen y tránsito.

La historia de Souleymane

Souleymane Fuyugu es maliense. Llegó en marzo a Bilbao y recientemente le han concedido la protección subsidiaria. Vivía en una aldea del centro de Mali, donde trabajaba en una escuela como maestro. Grupos armados yihadistas, que tienen tomado el país, llegaron a su municipio y amenazaron con matarle si no cerraba la escuela. “Tuvimos que hacerlo porque sabíamos que era real”, relata Souleymane, “Quemaban casas y asesinaban a la población. También nos robaban nuestras pertenencias, animales y todo lo que teníamos. Nos quitaron el trabajo, el comercio y también la educación, no quieren que exista. Me tuve que marchar de ahí porque mi vida estaba en peligro. Yo no vine a Europa por placer, vine porque estaba sufriendo”. De hecho, no era su intención venir a Europa. Probó suerte primero en la capital y después en Senegal. Pero no era fácil ganarse la vida. Llegó a Mauritania con el mismo propósito y fue ahí donde decidió embarcarse rumbo a Europa. No fue fácil dejar mi país atrás y a mi hermano pequeño, que es mi única familia. Me marché para poder darle un futuro mejor a él.”

Tras 4 días de travesía en barco, llegó a Canarias en septiembre y pasó ahí 5 meses, en plena crisis, hasta que le trasladaron a Bilbao. Souleymane deja claro que “África está perdiendo a sus jóvenes en el Mediterráneo, está perdiendo intelectuales y a su población, que somos quienes queremos reconstruir el continente. Le pido a la comunidad internacional que abra sus ojos y no sea cómplice de gobiernos corruptos y dictadores como el de Mali y del resto de países del África Francófona”.

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