Ante el estado de emergencia decretado por las autoridades sanitarias, desde CEAR-Euskadi estamos habilitando las medidas necesarias para afrontar esta situación excepcional, siguiendo todas las recomendaciones preventivas dictadas para frenar el virus. Nuestra máxima prioridad es mantener, en un contexto muy complejo, la calidad de la atención a las personas con las que trabajamos y hacerlo con todas las garantías posibles, tanto para nuestro personal como para las personas a las que atendemos. Con este fin, priorizamos, siempre que es posible, los canales no presenciales (por teléfono o vìa mail). Mantenemos servicios básicos- esenciales para dar respuesta a las necesidades de atención propias de los centros y dispositivos de acogida, así como a la recepción de las ayudas para necesidades básicas de todas las personas que están en itinerarios de inserción socio-laboral en la entidad.

Además de las implicaciones sanitarias de la expansión del coronavirus, con tantas personas afectadas de forma directa, las derivadas económicas y sociales están incidiendo intensamente en nuestras condiciones de vida. Nos acordamos de quienes lo están pasando peor en estos momentos de incertidumbre. Y queremos aportar todo lo que esté en nuestras manos para evitar, en la medida de lo posible, el sufrimiento que genera esta situación.

Entre estos colectivos, se encuentran las personas solicitantes de asilo, refugiadas, migrantes y apátridas. Como el resto, no son inmunes al coronavirus. Su salud está en riesgo. Pero, además, la precariedad, que antes ya estaba instalada en sus vidas, se está viendo acentuada estos días. Es fundamental, hoy más que nunca, que garanticemos los derechos de todas las personas.

  • No todo el mundo se puede quedar en su casa. Algunas personas no tienen un techo donde confinarse durante esta cuarentena. En este sentido, desde CEAR hemos instado al Gobierno español para que todas las personas solicitantes de protección internacional que carecen de recursos económicos puedan acceder a una plaza del sistema de primera acogida de manera excepcional, aun careciendo de la documentación normalmente exigible, logrando así que ninguna persona que tenga intención de pedir asilo quede en situación de calle.
  • Es urgente articular medidas de protección para quienes, huyendo de la guerra, los conflictos, la violencia y el hambre, han quedado atrapados en las fronteras y en improvisados campos de refugiados sin control sanitario, super poblados, con ínfimas condiciones de salubridad y con más posibilidades de contagio. Naciones Unidas ha alertado sobre esta cuestión, haciendo hincapié en que “los planes de emergencia contra el coronavirus no pueden utilizarse para reprimir los derechos humanos. Las declaraciones de emergencia por el brote no deben usarse como base para dirigirse a grupos particulares, minorías o individuos, ni funcionar como una excusa para la acción represiva con el pretexto de proteger la salud. Tampoco deben usarse para silenciar el trabajo de los defensores de los derechos humanos”.
  • Nos preocupan las personas que están hacinadas en los CIE. Si antes la reclusión ya carecía de sentido, ahora mucho más debido a los cierres de fronteras decretados por el coronavirus y la imposibilidad de deportación. Por ello, el Defensor del Pueblo y multitud de organizaciones hemos solicitado al Gobierno la liberación de las personas internas. Por el momento, el Ministerio de Interior ha empezado a hacer evaluaciones individualizadas para liberar a quien tiene «poca posibilidad de retorno».
  • Son muchas las personas de diferentes sectores económicos que están siendo despedidas, que no verán renovados sus contratos o que serán incluidas en expedientes de regulación temporal de empleo. En una situación de especial vulnerabilidad se encuentran quienes ocupan empleos que cuentan con una menor protección, como las trabajadoras del hogar y los cuidados, muchas de ellas migrantes y racializadas, a las que la crisis dejará todavía en una situación de mayor desprotección.
  • Como sociedad no podemos permitirnos actitudes xenófobas. Antes tampoco y ahora mucho menos. En estos días de confinamiento los bulos se extienden con mayor facilidad y se expande así el virus del racismo a mayor velocidad que el propio coronavirus.

Para terminar, queremos reconocer y poner el valor el trabajo de tantas y tantas personas que están luchando para afrontar las consecuencias de esta crisis. Entre ellas, los trabajadores y las trabajadoras de organizaciones sociales que como la nuestra, siguen dando lo mejor de sí mismas con profesionalidad, compromiso, sentido de corresponsabilidad y empatía. Y, a pesar todo, lo siguen haciendo con cercanía.